
La Dirección General de Tráfico vuelve a complicarlo con la baliza V-16: modelos que son válidos, pero cuyos fabricantes ya no pueden venderlos; certificados que caducan sin avisar y listados nuevos que llegan tarde.
A esto se suma el negocio millonario, las dudas sobre conectividad, fechas límite cambiantes y el miedo a multas. Seguridad sí, pero el caos también.
