
Llega el sábado, te entra el antojo y decides salir en pijama a la calle para pillar algo de bollería industrial. Hasta hace dos días eras un vago sin aprecio por la vida en sociedad. Hoy, amigo mío, eres un vanguardista del estilo europeo.
Resulta que a esta dejadez ibérica ahora la llaman NBN, de Netflix-Baguette-Netflix. Una etiqueta muy fina que se ha inventado el marketing parisino para justificar que bajes a por unos ganchitos vestido como si acabaras de salir de un coma inducido.
Y claro, aquí surge el gran debate nacional: ¿dónde está la frontera de la dignidad? Tirar la basura a traición a las once de la noche es… ¿aceptable? Bajar al perro escondiendo el pantalón de franela debajo de un plumas, ¿perdonable? ¿Recibir al del paquete de Amazon en calzoncillos y camiseta de propaganda?
Pero el salto al vacío es ir al Mercadona con la excusa de que “total, está a menos de 100 metros”. Como te cruces con la vecina del quinto mientras pesas los plátanos en bata, tu reputación en el barrio no la salva ni la alta costura de París.
De la seda de Victoria Beckham a la franela con pelotillas

Las revistas de moda te intentan vender que salir en pijama a la calle es un acto de rebeldía antisistema. Un grito de “autocuidado” contra el estrés moderno, liderado por famosas paseando en conjuntos de seda por Nueva York.
Claro, esa gente lleva ropa de dormir de 800 pavos que parece sacada de una película de James Bond. Tú bajas con el pantalón a cuadros, la goma de la cintura dada de sí y unas pantuflas de Homer Simpson que piden la eutanasia a gritos.
Pero lo que el marketing parisino se calla muy convenientemente es el auténtico drama bacteriológico de la tendencia NBN. Bajas a la calle, te apoyas en el mostrador de la panadería y rozas carritos de supermercado que han tocado cuarenta personas antes que tú.
Y con toda esa flora y fauna urbana pegada al pijama, subes a casa y haces el salto del tigre directo entre las sábanas. Luego nos sorprende que aparezcan variantes nuevas de la gripe o una cepa ultrarresistente de alguna bacteria.
La última trinchera del civismo: prohibido entrar en bata

Y cuando la moda amenazaba con convertir España en una sala de estar gigante, apareció la resistencia. Porque una cosa es hacer la vista gorda en la zona de cajas rápidas, y otra muy distinta es aguantar la invasión en la barra de tu negocio.
Ahí tienes a los héroes del bar Los Monaguillos de Málaga, que tuvieron que colgar un cartel prohibiendo explícitamente la entrada en bata y zapatillas. Imagina el panorama para que el dueño tenga que recordarte que el pincho de tortilla no se pide vestido como si te hubieras teletransportado desde la cama.
Pero la medalla de oro se la lleva una oficina municipal de Dos Hermanas, en Sevilla. Tuvieron que imprimir un folio con letras mayúsculas en la puerta para no atender a nadie que viniera directo de la cama.
Ir a discutir un impuesto municipal o a pedir el padrón con zapatillas de garritas de oso y la legaña pegada es el verdadero clímax de la tendencia de salir en pijama a la calle. Eso sí que no lo vieron venir en la Semana de la Moda de París.
El fin de la civilización llevaba pantalón de cuadros

Al final, la excusa del dichoso autocuidado y el nombrecito en francés solo sirven para maquillar que, como sociedad, hemos tirado la toalla. Hemos pasado de vestirnos de domingo para ir a comprar el periódico a no quitarnos el chándal ni para hacer la declaración de la renta.
Si la tendencia NBN sigue escalando, el año que viene veremos bodas en pantuflas y juicios rápidos en batamanta.
Así que la próxima vez que te plantees si bajar a por el pan con el pijama de franela y la legaña sin rascar, recuerda: tú ya no eres un vago sin remedio, eres una víctima incomprendida de la alta moda parisina. Eso sí, reza lo que sepas si te cruzas con la vecina del quinto en el ascensor.
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Ya que has decidido hacer el «salto del tigre bacteriológico» trayéndote a la cama media flora intestinal del barrio, al menos aplica unas medidas de contención severas antes de meterte en la cama.
*Eficacia no garantizada si además te has apoyado en la barra del bar de abajo. Enlace Patrocinado | Aviso Legal
PREGUNTAS FRECUENTES
¿Qué es la tendencia NBN?
La tendencia NBN consiste básicamente en salir a la calle en pijama para hacer recados cortos: comprar pan, tirar la basura, bajar al perro o fingir que “solo son cinco minutos”. Suena moderno porque le han puesto siglas, pero en esencia es bajar al mundo exterior vestido como si el sofá te hubiera dado permiso verbal.
¿Qué significa Netflix-Baguette-Netflix?
Netflix-Baguette-Netflix es la versión fina del asunto: estás viendo Netflix, bajas a por una baguette y vuelves a Netflix sin cambiarte. En Francia queda elegante. En España habría que traducirlo como Netflix-Basura-Netflix o Netflix-Mercadona-Netflix, que suena menos editorial de moda y más portal con olor a fregona.
¿De dónde viene la moda de salir en pijama a la calle?
La tendencia se asocia a París y al cambio de hábitos tras la pandemia, cuando la casa, el teletrabajo y la ropa cómoda se fusionaron como un Pokémon cansado. Lo que antes era “bajo un momento y que no me vea nadie” ahora tiene nombre, estética y artículos explicándolo como si fuera una escuela filosófica con zapatillas.
¿Es higiénico salir en pijama a la calle?
El problema no es bajar diez minutos, sino volver con el mismo pijama después de tocar carritos, bancos, barras, mostradores y demás patrimonio bacteriológico nacional. Si luego te metes en la cama como si nada, no estás practicando autocuidado: estás organizando una quedada microscópica con catering incluido.
¿Es legal prohibirte entrar en un bar si vas en pijama o bata?
Sí, un bar puede poner normas de admisión por vestimenta si son razonables, visibles y se aplican igual para todo el mundo. Vamos, que si en la puerta pone “prohibido entrar en pijama o bata”, no es una persecución contra tu franela: es derecho de admisión. Lo que no vale es usarlo como excusa arbitraria o discriminar a alguien porque al dueño le ha dado el aire de jurado de pasarela.
🔍 LAS FUENTES DEL PIJAMA ORGANIZADO
- El nombre fino del desastre: El Independiente explica el regreso de la tendencia NBN para salir en pijama a la calle ➔ Fuente externa
- El marketing de la bata elevada a concepto: Vogue ya analizó el fenómeno Netflix-Baguette-Netflix y el debate entre comodidad, pereza y autocuidado ➔ Fuente externa
- La resistencia hostelera: laSexta recogió el caso del bar malagueño Los Monaguillos, que prohibió entrar en pijama o bata ➔ Fuente externa
- Más sociedad haciendo cosas raras: puedes seguir perdiendo fe en la humanidad en Humor ➔ Leer en la web o en Sociedad ➔ Leer en la web