LaLiga busca «Judas» a tiempo parcial: 50 euros por vender a tu barman en el nuevo portal LaLiga Bares

Hombre con gabardina y móvil denunciando fútbol pirata en un bar típico español.

Javier Tebas ha descubierto que en España el odio al vecino es un recurso natural infinito y ha decidido monetizarlo. Se acabó eso de intentar bloquear internet como un dictador norcoreano desde un despacho; ahora LaLiga quiere que seas tú, el cliente que se aprovecha del Wi-Fi del bar, quien haga de Gestapo de barrio por la irrisoria cifra de 50 euros.

LaLiga ha habilitado un portal de «denuncias bonificadas» para que cualquier ciudadano ejemplar entre en su bar de confianza y, si no ve la famosa «B» de bar legal en la pantalla, saque el móvil como quien saca un arma de la Inquisición. Haces tres fotos (tele, garito y fachada) y las subes al portal de LaLiga Bares. A cambio, te ingresan 50 euros. Es el precio de la traición en 2026: menos de lo que cuesta la suscripción mensual que Tebas te quiere encasquetar.

LaLiga lleva tiempo cruzando todas las líneas rojas, suspirando por un internet distópico donde puedan pulsar un botón y apagar cualquier web que les ofenda el balance de ingresos. Como los jueces no siempre les bailan el agua, ahora te ofrecen 50 euros —el precio de la dignidad en 2026— por traicionar al que te pone las aceitunas. Solo falta que los delatores lleven un brazalete oficial mientras hacen el trabajo sucio de la Gestapo de barrio. Eso sí, la «oferta» tiene letra pequeña: Tebas solo ha presupuestado 50.000 euros para esta cacería, lo que significa que solo hay premio para los primeros 1.000 chivatazos y un máximo de cuatro delatores por bar. Si eres el quinto en señalar con el dedo, habrás vendido a tu vecino gratis, confirmando que además de informante, eres el tonto de la clase.

Plantilla para recortar la letra B "oficial" de LaLiga para pegar en televisores de bares.
Recorta tu propia B aquí, ahora con puntos fáciles de seguir.
Ilustración satírica de un espía con brazalete de LaLiga vigilando una televisión en un bar oscuro.

La Cuchara ‘Electric Salt’: O cómo pagar 120€ para chupar una pila de 9 voltios en cada comida

Primer plano de cuchara tecnológica Electric Salt con pantalla LED roja marcando VOLTAGE MAX y rayos eléctricos azules sobre plato de sopa.

La alta cocina del masoquismo ¿Recuerdas cuando tu madre te decía que no metieras el cuchillo en la tostadora? Pues olvida todo ese instinto de supervivencia básico. La tecnología japonesa, siempre en la vanguardia de solucionar problemas que no sabíamos que teníamos, nos trae la Cuchara Electric Salt. Porque reducir la sal de la dieta echándole menos sal a la comida es una solución demasiado analógica y barata. Lo moderno es electrocutarse la lengua.

Sabor a iones y arrepentimiento El invento, desarrollado por Kirin (sí, los de la cerveza) y la Universidad de Meiji, promete aumentar la percepción del sabor salado en un 50% mediante una «suave corriente eléctrica». Básicamente, es un cubierto que engaña a tu cerebro manipulando los iones de sodio en tu lengua.

La experiencia de usuario debe ser fascinante: estás ahí, intentando disfrutar de una sopa de verduras sosa como el agua de fregar, y de repente, ¡ZAS!, un calambrazo «umami» que te recuerda que estás vivo. Cuesta unos 120 euros, que es un precio razonable si consideramos que la alternativa low-cost es lamer de una pila antes de cada bocado. Dicen que es por salud, para los hipertensos, pero todos sabemos que es el regalo perfecto para ese cuñado techie al que odias en secreto. «Toma, Paco, para que le des vidilla al puré».

¿Efectos secundarios? Pregúntale al buscador Si te preocupa qué efectos puede tener meterte microcorrientes en la boca tres veces al día durante años, tranquilo. Seguro que es inocuo. Aunque, si buscas «hormigueo en la lengua» en el Dr. Google, ya sabes lo que te va a decir: tienes un 99% de probabilidades de tener una enfermedad terminal incurable o, simplemente, que eres idiota por comprarte una cuchara a pilas.

solucion tecnologica sal

LA LAVADORA CON TELÉFONO: LA «INNOVACIÓN» DE 2.000€ QUE NADIE PIDIÓ

Ilustración satírica futurista de una lavadora Samsung Bespoke AI convertida en una máquina del caos estilo Profesor Bacterio, con brazos robóticos, holografías de videollamadas estresantes y una persona atrapada dentro del tambor pidiendo ayuda entre vapor y chispas.

La «Smart Home» era una trampa ¿Recuerdas cuando nos vendieron que la «casa inteligente» nos daría más tiempo libre? Pues era mentira. Era una estafa piramidal al nivel de los terrenos en Groenlandia. La gran novedad de Samsung en el CES no es una batería infinita ni un robot que planche (lo que realmente necesitamos), sino la Bespoke AI Combo: una lavadora que te permite contestar llamadas de teléfono. Porque claro, lo que más te apetece mientras separas la ropa blanca de la de color es hablar con tu operador de telefonía o aguantar una reunión de Zoom.

Centrifugado y Ansiedad La función se vende como «conectividad total», pero analicémoslo con frialdad:

  • El Motivo: ¿Por qué hacen esto? Porque ya no saben qué inventar para cobrarte una fortuna por un tambor de metal. Necesitan meter chips de IA hasta en el cajetín del suavizante para justificar un precio absurdo, porque venderte simplemente ropa limpia ya no es suficientemente «disruptivo» para sus accionistas.
  • El Escenario: Estás en pijama, con una montaña de ropa sucia, y de repente el electrodoméstico empieza a sonar. No es una avería (aunque Dr. Google diagnosticaría que tu lavadora tiene «síndrome de Tourette mecánico»), es tu suegra.
  • La Realidad Cutre: Samsung ha puesto micrófono y pantalla en un aparato que se pone a 1400 revoluciones por minuto. Intentar tener una conversación seria con el ruido del centrifugado de fondo va a hacer que tu jefe piense que le estás llamando desde el interior de un helicóptero de combate en plena zona de guerra.

No hay escapatoria Antes, el cuarto de la colada era un santuario de ruido blanco y soledad. Ahora es otra extensión de la oficina. Si tu lavadora te habla, ya no estás loco; simplemente eres una víctima más del «progreso». La próxima vez que te escondas en el baño para tener 5 minutos de paz, reza para que no se active el nuevo WC con Alexa (que seguro que es lo próximo).