
Recuerdo un tiempo en el que el entierro de la sardina ➔ Abrir Visor —para mí, el Día de la Sardina— era una cosa completamente normal en muchos coles de España. Acudías al colegio con tu sardina dentro de una bolsa atada a un palo que te echabas al hombro. Luego ibas al lugar del entierro, en mi caso un descampado cercano llamado el campo de la lechuga, y nadie parecía ver raro que un grupo de niños participara en una especie de funeral improvisado para unas sardinas. Lo hacíamos, merendábamos algo, volvíamos a casa y aquí paz, y después gloria.
Ahora lo piensas dos segundos y la pregunta sale sola: ¿en qué momento nos pareció normal enterrar una sardina como si fuera un familiar lejano?
El entierro de la sardina en el colegio: aquella tarde rara que parecía normal

Lo verdaderamente espectacular del asunto es que nadie lo cuestionaba. Tú llegabas al cole con tu sardina colgando de un palo y aquello no se vivía como una escena digna de llamar a servicios sociales, sino como una jornada perfectamente integrada en el calendario escolar. Carnaval, desfile, entierro y para casa. Todo muy educativo, supongo.
De crío no te parecía raro porque de pequeño aceptas cualquier cosa con una tranquilidad pasmosa. Si al día siguiente el profesor hubiese dicho que tocaba despedir una merluza con honores militares ➔ Abrir Visor , allí habríamos estado todos, en fila y con la merienda en la mochila.
Y esa es la clave de esta historia: el entierro de la sardina era una de esas cosas que vivías sin pensar, pero que de adulto suenan a delirio colectivo. Un país entero viendo normal que un grupo de niños sacara un pescado a pasear por el barrio para enterrarlo después con más ceremonia que algunos muebles de Ikea.
Y aun así funcionaba. Porque no te acuerdas solo del pescado, sino de la sensación: salir del aula, romper la rutina, hacer algo raro con total naturalidad y volver a casa como si nada. Una de esas tardes que en su momento parecían normales y ahora recuerdas con la misma cara que se te queda cuando encuentras una foto antigua y descubres que tu peinado era un delito.
Qué era el entierro de la sardina y por qué España lo veía normal

Aunque hoy suene a idea sacada de una reunión entre un profesor de plástica cuya aula olía raro ➔ Abrir Visor y un guionista con fiebre, el entierro de la sardina era una tradición real ligada al final del Carnaval y al inicio de la Cuaresma. En teoría, servía para despedir los excesos, cerrar la fiesta y empezar una etapa más seria.
Y lo más espectacular no era la tradición en sí, sino que durante años nadie veía raro aquello.
De pequeño, además, no necesitabas entender el simbolismo ni que nadie te soltara una chapa sobre el Carnaval, la Cuaresma y la moderación. A ti te decían que tocaba el entierro de la sardina y tú tirabas para delante con la misma fe ciega con la que aceptabas un disfraz hecho con bolsas de basura.
Y ahí está la clave: España lo veía normal porque estaba metido en el calendario, en el cole y en la costumbre. No era “la tradición extraña”. Era simplemente lo que tocaba ese día. Solo muchos años después te das cuenta de que, contado en voz alta, aquello tenía un punto de delirio fino bastante serio.
En mi caso, además, el Día de la Sardina no era una cosa simbólica sin más. Era un evento que no entendías del todo, pero que, al ser nuevo, te gustaba y te tomabas en serio. Llegaba el desfile con tu sardina en un palo hasta el colegio y, del colegio, al descampado, donde tú creías que, como un arqueólogo Enlace Patrocinado | Aviso Legal , ibas a elegir el mejor lugar para enterrarla. Después de marcar el sitio y de que llegara un profe con una pala, depositabas tu sardina cual Tutankamón. Recuerdo incluso volver mucho tiempo después a buscar la tumba de mi primera sardina, que por supuesto no encontré.
Después de eso, a seguir con la tradición, que en mi caso incluía bocadillo de tortilla francesa y una hoguera en el suelo donde los profesores, a lo lejos, hacían sardinas.
Por qué el entierro de la sardina desapareció de muchos colegios sin hacer ruido

El entierro de la sardina no desapareció de golpe. No hubo un último gran funeral, ni una despedida oficial, ni un director saliendo al patio para anunciar que hasta aquí hemos llegado. Simplemente se fue apagando poco a poco, como se apagan casi todas las cosas del cole: sin drama y sin explicaciones.
Primero empezó a perder la esencia original. Donde antes había sardina de verdad, descampado y humo, luego apareció la versión más cutre: sardinas de papel o cartón, hechas en la clase de plástica. La tradición seguía allí, sí, pero ya no era lo mismo.
Después llegó el siguiente paso, que suele ser el definitivo: cuando una costumbre deja de ser una tarde especial y se convierte en una actividad de trámite.
También es verdad que muchas de estas cosas chocan de frente con el colegio moderno. Llevar un pescado crudo, ir a un descampado, encender fuego, mancharse un poco y volver a casa oliendo a humo hoy suena a actividad diseñada por un demente. Así que el milagro casi no es que desapareciera, sino que aguantara tanto tiempo.
En mi caso, el declive se notó clarísimo. Yo llegué a enterrar una sardina de verdad. Los que vinieron detrás ya iban con una de papel. Y después, directamente, nada
➔ Abrir Visor
. Ahí ves perfectamente cómo se va muriendo una tradición: primero pierde lo raro, luego pierde lo real y al final pierde hasta el hueco en el calendario.
Eso sí: no desapareció en todas partes. En algunos sitios siguió vivo, pero ya más como desfile grande, fiesta organizada o tradición oficial que como aquella tarde de colegio con humo, descampado y sardina al hombro. Madrid ➔ Fuente externa Murcia ➔ Fuente externa
Qué hacías tú en el entierro de la sardina y qué otras tradiciones raras del cole han desaparecido

Y ahora viene la parte buena: la memoria selectiva de la infancia. Porque igual tú también llevaste una sardina en un palo, te comiste un bocadillo de tortilla, acabaste en un descampado o participaste en alguna otra costumbre escolar que entonces parecía normal y hoy suena a idea improvisada por el profe de plástica.
¿Qué recuerdas tú del entierro de la sardina? ¿Y qué otras tradiciones raras del cole se han ido apagando hasta desaparecer sin dejar ni las raspas? Más historias de nostalgia aqui ➔ Leer en la web .
Por si te entra la nostalgia, pero no hasta el punto de volver al descampado con una sardina.
Por si después de recordar aquella romería entre humo, tortilla francesa y pescado al hombro te ha entrado una necesidad infantil de cerrar heridas
*No huele, no gotea y no obliga a volver al descampado. Enlace Patrocinado | Aviso Legal