
¿Os acordáis de cuando íbamos a dejar de mirar el móvil para empezar a hablarle a nuestra propia tetilla? Qué tiempos aquellos.
Hoy nos ponemos el traje de luto (ignífugo, por si acaso) para visitar la tumba del Humane AI Pin, ese maravilloso trozo de plástico que llegó a nuestras vidas prometiendo ser el «iPhone Killer» y acabó siendo el Tamagotchi más caro e inútil de la historia.
Hace ya un tiempo que este gadget pasó a mejor vida, pero en El Humo Viral somos rencorosos y nos gusta bailar sobre las tumbas de la tecnología pretenciosa. Porque no fue solo un fracaso: fue una lección de humildad de 700 dólares que Silicon Valley necesitaba aprender.
La Promesa: «El Futuro no tiene Pantalla» (Spoiler: Sí la tiene)
La premisa era sexy: dos exempleados de Apple, mucho diseño minimalista y una idea revolucionaria. «¿Para qué quieres un móvil si puedes llevar un broche imantado que te proyecta un láser verde en la mano?».
Sonaba a Star Trek. La realidad fue más… peli de Torrente.
El dispositivo costaba 699 dólares. Pero espera, que hay más. Para que funcionara, tenías que pagar una suscripción obligatoria de 24 dólares al mes. Si dejabas de pagar, el pin de 700 pavos se convertía en basura electrónica de diseño con menos utilidad que un cenicero en una moto.
El «Microondas» de Solapa

Lo mejor del Humane AI Pin no era su IA (que alucinaba más que un hippie en Woodstock), sino su capacidad térmica.
El aparato se calentaba tanto que literalmente te quemaba la camisa. Los análisis de la época decían que «notabas un calorcito agradable en el pecho». Agradable si eres una iguana, claro. Si eres un ser humano, tener una batería de litio hirviendo a dos centímetros del corazón no es muy «confortable».
Y luego estaba el famoso Láser. En los vídeos promocionales se veía nítido y futurista. En la vida real, si hacía un poco de sol, tenías que poner la mano en forma de cueva y entornar los ojos como un topo para ver una mancha verde borrosa que te decía la hora mal.
Gestos de Mimo con Ataque de Pánico
Para controlar el aparato tenías que hacer gestos con los dedos en el aire: pinchar, deslizar, cerrar el puño…
Desde fuera, parecías un director de orquesta borracho o un italiano discutiendo con un fantasma. La interfaz era tan lenta y frustrante que tardabas 45 segundos en mandar un mensaje que con el móvil hubieras escrito en 3.
Pero claro, «el móvil te aísla de la realidad». El Humane AI Pin te conectaba con la realidad de sentirte estúpido en público.
La Autopsia del Fracaso
¿Por qué fracasó? No fue por la tecnología (que estaba verde), ni por el precio (que era un robo). Fracasó por una sobredosis de su propio hype: se creyeron que eran Iron Man y acabaron siendo el Inspector Gadget.
Intentaron solucionar un problema que no existía. A la gente le GUSTAN las pantallas. Nos gusta ver fotos, ver vídeos de gatos y leer memes en silencio sin tener que dictarle a un broche «Oye, búscame fotos de gatitos» en medio del metro.
Veredicto: Hoy, los pocos Humane AI Pins que quedan están en cajones, descargados y olvidados, o en estanterías de coleccionistas de «Tecnología Absurda» junto a las Google Glass y el Virtual Boy.
Descansa en paz, pequeño microondas de solapa. Fuiste el pisapapeles más caro y valiente de nuestra generación.