
Te duele la cabeza. Buscas en Google. Diagnóstico: te quedan tres semanas de vida o es una enfermedad tropical extinta en 1902. Todos hemos pasado por ese microinfarto. Internet, hasta ahora, era una máquina de generar hipocondríacos.
OpenAI se ha dado cuenta de que el 99% de nosotros usamos el buscador para autodiagnosticarnos (generalmente mal) y ha decidido intervenir. Pero no nos engañemos: la razón no es solo salvar la humanidad (que queda muy bien en el PowerPoint), es que Sam Altman necesita pasta. Se dice que tienen caja hasta 2027, y mantener estos servidores cuesta más que una boda gitana. Así que han mirado sus estadísticas, han visto a 230 millones de personas preguntando por sus juanetes cada semana y han dicho: «Aquí huele a negocio».
Del «Soy solo un modelo de lenguaje, consulte con especialista» a «Enséñame tu radiografía e introduce el pin de tu tarjeta aquí»

Seamos sinceros: OpenAI no ha inventado nada, solo ha legalizado el mercado negro. Ya lo estábamos haciendo. Las cifras cantan: ChatGPT estaba ejerciendo de médico sin licencia para 230 millones de personas a la semana.
Hasta hace dos días, si le decías que te dolía el pecho, te soltaba un disclaimer legal más largo que la Biblia y se lavaba las manos como Pilatos: «Ve a urgencias, no me demandes». Pero Sam Altman ha visto los números y ha decidido que, si no puedes con el enemigo (nuestra hipocondría), cóbrale la entrada.
En lugar de prohibirlo, han dejado atrás el miedo a las demandas para asumir su verdadero destino: convertirse en tu cuñado digital. Sí, ese que con una foto borrosa por WhatsApp te diagnosticaba «falta de hierro» o «sobra de tontería». Ahora la IA valida esa dinámica. La única diferencia es que tu familiar lo hacía porque es tu cuñado, y ChatGPT lo hace porque ha ingerido 40 terabytes de papers médicos… y, sobre todo, porque Sam Altman necesita pagar la luz.
Tu tarjeta gráfica se ha sacado el doctorado
Hay que reconocerle una cosa a OpenAI: esto es dignidad computacional. Llevamos dos años quemando gigavatios de energía y torturando tarjetas gráficas de 30.000 dólares para generar vídeos de Will Smith comiendo espaguetis o gatos astronautas. La humanidad es así.
Por fin, los modelos o1 y o3 van a usar su capacidad de razonamiento para algo que no sea avergonzar a la especie. Se supone que ‘Health’ usa esa potencia para cruzar datos médicos complejos, no para renderizar píxeles absurdos. Es como si hubiéramos estado usando un Fórmula 1 para ir a comprar el pan y, de repente, alguien decidiera meterlo en un circuito.
Aunque, siendo honestos, vamos a echar de menos el caos. Porque mientras la IA se pone seria para salvarnos la vida, no podemos olvidar de dónde venimos y en qué hemos gastado la computación hasta ahora:
Curar enfermedades está muy bien, no lo vamos a negar, pero que nadie se atreva a decir que generar estas maravillas no fue un uso noble de la tecnología. Si quieres recordar esa época dorada del desperdicio glorioso de silicio, pásate por nuestra recopilación sobre el buen uso de la memoria RAM y los memes. Porque la salud es importante, pero las risas fueron legendarias.
Entrevista exclusiva a ChatGPT sobre su nuevo trabajo

Antes de cerrar, desde El Humo Viral, hemos querido sentarnos con el protagonista para aclarar dudas. Eso sí, como en esta redacción usamos el Plan Gratuito (la pobreza es muy digna), la entrevista ha tenido que ser rápida antes de que nos saltara el aviso de «Límite de mensajes alcanzado». Esto es lo que nos ha dado tiempo a preguntar:
—Pregunta: ¿Entonces, ahora eres médico? —ChatGPT: Oficialmente no. Legalmente soy un «asistente de triaje». Pero seamos serios: tampoco lo era tu cuñado y le hiciste caso. Al menos yo he leído libros de medicina, él solo lee etiquetas de cerveza que tengan dibujitos.
—P: ¿Qué pasa con mi privacidad? ¿Vais a vender mis datos? —ChatGPT: Nosotros jamás, la privacidad es sagrada. Pero si cinco minutos después de contarme tus síntomas te sale un anuncio de crema para las hemorroides en Instagram… digamos simplemente que el algoritmo tiene una «intuición» asombrosa.
—P: ¿Serás capaz de entender la letra de mi médico de cabecera? —ChatGPT: Mira, he procesado jeroglíficos egipcios y lenguas muertas, pero tengo límites. Eso no es escritura, es criptografía avanzada. Ni yo ni la NSA podemos descifrar una receta de paracetamol escrita con prisas. Ahí estás solo.
—P: ¿Me vas a curar? —ChatGPT: Yo te voy a dar datos. Curarte depende de que dejes de buscar en Google y vayas al médico de verdad. Pero mientras pides cita, al menos no te diré que te estás muriendo. De nada.
—P: ¿Por qué lanzáis esto ahora? —ChatGPT: Por el bien de la humanidad, por supuesto… y porque la factura de la luz de nuestros servidores es más alta que el PIB de un país pequeño. Necesitamos monetizar vuestra hipocondría urgentemente o nos cortan los cables antes de 2027.
ENCUESTA RÁPIDA: Si tuvieras que operarte de apendicitis mañana...
🔴 Me fío más de un cirujano con resaca.
🔵 Que me opere el robot de ChatGPT (siempre que tenga batería).
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