
Pensábamos que el techo de la estupidez tecnológica eran las neveras con Twitter o los cepillos de dientes con Bluetooth, pero nos equivocábamos. El futuro es esto: meter la mano en el fondo del váter para instalar un cacharro de 350 euros pegado con ventosas a la porcelana de tu retrete.
Se acabó mear gratis. La empresa Withings ha decidido que tu inodoro era demasiado analógico y barato, así que ha lanzado el U-Scan. Un «laboratorio de orina conectado» que promete revolucionar tu salud, pero que en realidad inaugura una nueva era terrorífica: el Pee-as-a-Service (Pis como Servicio).
¿Estás dispuesto a pagar una suscripción mensual? Prometen salud, ciencia y nutrición, pero la realidad es que acabas de comprarte un Tamagotchi de orina que te enviará gráficos al móvil sobre tu hidratación. ¿Te lo comprarías? Nosotros tampoco, pero vamos a analizarlo para que no tengas que tocarlo.
Bienvenidos al futuro: es caro, es incómodo y salpica.
El Hardware: Un «Pato WC» de 350 euros con Wi-Fi

Olvídate de diseños ergonómicos. El U-Scan es un disco blanco de 9 centímetros que se cuelga dentro de la taza del inodoro, exactamente igual que esas cestas de ambientador de pino que compras en el súper por 2 euros. La diferencia es que este cuesta 349,95€ y no, no huele a pino.
La «Revolución» del Stream ID Aquí viene la joya de la corona de la ingeniería francesa. El aparato cuenta con una tecnología patentada llamada Stream ID™. ¿Qué hace? Básicamente es un sensor de orina. Mediante sensores de baja potencia, el dispositivo identifica quién está usando el inodoro basándose en la «velocidad, distancia y dispersión» del chorro. Sí, has leído bien: han inventado el FaceID de tu pis (por suerte, no tiene cámara). Si entra tu pareja, el aparato sabe que no eres tú. El futuro era esto: que un robot te reconozca por tu forma de mear.
¿Qué promete (y qué hace realmente)? Withings te vende un «laboratorio de salud en casa» que monitoriza nutrición y ciclo menstrual.
- La Promesa: «Análisis avanzado de biomarcadores para optimizar tu vida».
- La Realidad: Te dice el pH (acidez) y la densidad de la orina. Traducción: Te enviará una notificación al móvil diciendo «Bebe más agua» o «Come más verdura». Básicamente, has pagado el precio de una consola de videojuegos para que una piedra en el váter te diga que tu orina es amarilla oscura. Gracias, Sherlock.
El Modelo de Negocio: Sangrarte gota a gota Aquí es donde la broma deja de tener gracia y empieza a doler en la cartera. Withings ha copiado el modelo de negocio de las impresoras de tinta, pero aplicado a tus fluidos corporales.
- El Sablazo Inicial: La broma empieza en 349,95€ por el aparato. Pero eso es solo la entrada al club.
- La Suscripción «Nutrio»: El U-Scan funciona con cartuchos químicos (como los de tinta) que se gastan. Cada cartucho dura 3 meses y el recambio cuesta la friolera de 99,95€.
- La Matemática del Horror: Estás pagando 33,33 euros al mes por orinar en tu propia casa. Es más caro que tener Netflix Premium, HBO Max y Spotify juntos.
- El Ultimátum: Si dejas de comprar los cartuchos, el aparato de 350€ se convierte instantáneamente en un pisapapeles de plástico lleno de bacterias que solo sirve para estorbar cuando intentas pasar la escobilla.
- La Suscripción Premium (9,95€ / mes): ¿Creías que con eso bastaba? No. Intentan colarte el servicio Withings+ por otros 10 euros al mes. ¿Qué te da? Te desbloquea «misiones diarias», recetas, entrenamientos y un «Puntaje de Mejora de Salud». Es decir, pagas 10 euros extra para que la app no esté capada.
Resumen: Estás pagando unos 43 euros al mes (33 de cartucho + 10 de app) por un aparato que te dice «Beba más agua».
La Experiencia de Usuario: Miedo y asco en el baño

La realidad de tener un gadget colgado dentro del inodoro es digna de una película de terror de serie B. Los usuarios que («valientemente«) lo han probado coinciden en cuatro puntos traumáticos:
1. El momento «Buceador de Residuos»: Para cambiar el cartucho de 100€ o cargar la batería, tienes que meter la mano dentro de la taza. Sí, tienes que descolgar un aparato que lleva meses recibiendo impactos directos de orina y «otros elementos colaterales».
- La Queja: Tienes que sacarlo chorreando «agua de dudosa procedencia», limpiarlo con guantes y con mucho cuidado, que gotea.
2. Cargar el USB-C (Con sabor a…): El aparato se carga por USB-C. Visualiza la escena: sacas el dispositivo del váter, lo secas con papel higiénico y te lo llevas al salón o a la cocina para enchufarlo al mismo cargador que usas para el móvil. Buen provecho.
3. El «Efecto Francotirador»: El sensor es pequeño. Si eres hombre y orinas de pie, prepárate para jugar al tiro al blanco a las 3 de la mañana.
- El Veredicto: Los foros arden diciendo que si no apuntas exactamente al centro del dispositivo, no registra nada. Básicamente, te obliga a sentarte o a tener la puntería de un francotirador de élite. Si fallas el tiro, son 30 céntimos de suscripción tirados por el desagüe.
4. El «Beso» de Plástico: Al instalarse en el borde frontal, el U-Scan reduce el espacio disponible en la taza. Varios usuarios reportan el horror supremo: sentarse y sentir cómo tu puntita roza con el frío plástico del cacharro. Un contacto íntimo de 350€ que nadie pidió.
Conclusión: La orina más cara de la historia
El Withings U-Scan no es un producto de salud, es un test de inteligencia. Y si lo compras, acabas de dar positivo en «Tengo más dinero que inteligencia».
Estamos ante el ejemplo perfecto de que Silicon Valley se ha quedado sin ideas y ahora solo busca cómo colarte una suscripción mensual por respirar (o en este caso, por mear). Pagar 500 euros el primer año y 120 euros anuales de por vida para que un trozo de plástico te diga que bebas más agua es, sencillamente, un insulto.
Nuestra recomendación de experto: Ahórrate el dinero y usa la tecnología más avanzada del mundo: tus ojos.
- ¿Tu orina es amarillo oscuro? Bebe agua.
- ¿Es roja? Ve al médico (y corre).
- ¿Es transparente? Felicidades, estás hidratado.
Y lo mejor: este análisis es gratis, no requiere WiFi y, sobre todo, no tienes que meter la mano en el fondo del váter para cargarle la batería.
Tirar el dinero por el retrete nunca había sido tan literal.